Qué debe llevar una cotización de trabajo
Una cotización incompleta no se discute: se pierde. Esto es lo que lleva una que el cliente entiende, compara y acepta.
Lo mínimo que exige la ley
En México, el artículo 59 de la Ley Federal de Protección al Consumidor obliga al proveedor a presentar un presupuesto por escrito antes de prestar el servicio. Tratándose de reparaciones, ese presupuesto tiene que describir:
- las características del servicio,
- el costo de las refacciones y el de la mano de obra por separado,
- y su vigencia.
Conviene ser preciso con el alcance: eso aplica cuando tu cliente es un consumidor —el caso típico del plomero, el electricista, el herrero o el albañil que trabaja para una familia—. Entre empresas la relación se rige por lo que las dos pacten.
Pero el punto práctico es otro: desglosar material y mano de obra, y poner hasta cuándo vale tu precio, no es un adorno de cotización elegante. Es lo que la ley consideró indispensable para que alguien pueda decidir. Si tu cotización ya lo trae, cumples sin haberlo pensado.
La anatomía completa
1. Quién cotiza
Tu nombre o el de tu negocio, un teléfono y —si lo tienes— un logo. Sin logo, unas iniciales bien puestas se ven mucho mejor que un hueco en blanco.
El RFC y el domicilio van solo si facturas. Mucha gente de oficio trabaja desde casa y no quiere publicar dónde vive; no ponerlo no le quita nada al documento.
2. Folio y fecha
Un folio consecutivo —COT-0001, COT-0002— hace dos cosas: te
deja encontrar la cotización cuando el cliente llame tres semanas después, y le dice a él
que no eres el primero. Nunca lo escribas a mano, porque el día que
repitas un número vas a tener dos documentos distintos con el mismo nombre.
3. La vigencia, y por qué va como fecha
Escribe «vigente hasta el 30 de agosto», no «vigente 15 días». Quince días contados desde cuándo: ¿desde que la escribiste, desde que la mandaste, desde que él la abrió? Una fecha no se discute.
Y no es solo claridad. El acero, el cobre y la madera se mueven de precio. La vigencia es lo que te deja decir «ese precio era de hace dos meses» sin quedar como el que sube los precios porque sí.
4. Los datos del cliente
Nombre, teléfono y dónde es el trabajo. En oficios la dirección de la obra importa más que el domicilio fiscal: es lo que te va a permitir reconocer de qué trabajo se trataba.
Si es una empresa, agrega la persona de contacto y su departamento. Un documento que dice «At'n. Ing. Ramírez — Mantenimiento» llega a la mesa correcta; uno dirigido a la empresa a secas se queda en recepción.
5. El título del trabajo
Una línea que resuma qué se va a hacer: «Portón corredizo para cochera», «Instalación de tubería para antenas». Es lo primero que lee el cliente y lo que va a repetir cuando le enseñe la cotización a su esposa o a su jefe.
6. Los conceptos
La tabla del centro: qué, cuánto, a cómo, cuánto suma.
- Descripción. Cabe más de un renglón, y conviene. «Mano de obra» dice poco; «Mano de obra: fabricación, instalación, conexión y programación» dice por qué cuesta lo que cuesta.
- Unidad. Usa siempre la misma palabra. Si en un renglón pones «MTS» y en otro «METRO», el que suma se confunde — y a veces ese eres tú.
- Cantidad y precio unitario. Por separado, siempre. Un importe suelto no se puede negociar; uno desglosado sí.
- Marca. Cuando el material la tenga, ponla. «Llave mezcladora Mca. Helvex» vale más que «llave mezcladora», y es gratis.
7. Los totales, en este orden
Subtotal
Descuento (solo si lo hay)
IVA
TOTAL
────────────────────
Anticipo
Saldo al terminar
Si pides anticipo, di el saldo. El cliente quiere saber cuánto saca hoy y cuánto al final; hacerle la resta a él es una fricción que no cuesta nada quitar.
8. Las condiciones
- Tiempo de entrega. Es la segunda pregunta de todo cliente, siempre. Si no está escrita, te la van a hacer por teléfono.
- Condiciones de pago. Anticipo y saldo, contra entrega, a 15 días.
- Garantía. «90 días en mano de obra». Casi nadie en el oficio la ofrece por escrito, y es de las cosas más baratas que te distinguen del que cotizó antes que tú.
9. Quién responde
Tu nombre completo al cierre. «Juan Gutiérrez» pesa más que un logo: es una persona haciéndose responsable de un precio.
El campo que casi nadie pone, y es el que más sirve
«No incluye». Una lista corta de lo que tu precio no cubre.
No incluye: obra civil, toma de corriente, ni pintura de muros.
Esas tres líneas evitan la mayoría de los pleitos por alcance. No porque el cliente sea tramposo, sino porque cada quien imagina algo distinto: para ti «instalar el portón» era colgarlo, para él incluía resanar el muro que quedó marcado.
Cuando eso se discute a la mitad del trabajo, alguien pierde: o lo haces gratis o quedas mal. Escribirlo antes cuesta treinta segundos.
Cuando el trabajo es grande: agrupa
Si la cotización pasa de ocho o diez conceptos, agrúpalos por partidas y pon un resumen arriba:
RESUMEN
1. Albañilería ............. $19,340
2. Instalación eléctrica ... $ 8,420
3. Plomería ................ $11,650
Eso cambia la conversación. Con una lista de treinta renglones, el cliente dice «está muy caro» y no tienes por dónde. Con el resumen dice «quítame la plomería» — y eso sí es una negociación en la que puedes ganar.
Lo que nunca va en el documento del cliente
Tu costo de compra, tu margen, tu utilidad y tus proveedores. Eso es tuyo y solo tuyo.
Llevar tus costos aparte es lo que te dice si de verdad ganaste en un trabajo o solo lo pareció; enseñárselos al cliente es entregarle el argumento para pedirte descuento, y a tu proveedor, tu carta antes de que te cotice.
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